8.1.13

2012

Quisiera decirte, a ti, Señor.
Que fuiste lo que menos esperé.
Me quitaste y me diste como te dio la gana.
Me hiciste llorar y reír como te dio la gana.

Sin dejarme respirar y sin respiro.
Sin coger fuerzas ni silencios.

Fuiste rápido, fugaz.
Pasando velozmente toda la gente.
Nunca te quisiste ir, ni pasar desapercibido.
Cuando lo necesité.
A medio preguntarle, a usted
me daba patadas pa' continuar.
A darle adelante. A pararmele erguida.
Consumir todo.

Le podría describir fácilmente con adjetivos
-todos los grotescos y exagerados existentes-
Pero el que mejor le calza es tango.

Usted es tango.
Tango recio.
El que quema y regaña cuando pasa por la garganta.
El que hala el cabello.
El que de pisadas a tres cuadras se siente.
El que apreta el pecho.
El que ahorca las penas.
El que apasiona los amantes.
El que suaviza asperezas.

Señor, usted es tango.
Un vicio despiadado.
Burlón y hermoso.

Me bailaste en las noches y en el día al descuido.
Deslumbraste en la noche cuando no todos te quisieron escuchar.
Abráceme, viejo Tango.
Porque usted me hace sentir de lo mejor.
Al olvido toda esa mierda herida.
Usted me dice.
Yo, riéndome, prefiero besarlo.

Váyase, si, Señor.
No vuelva más con ese dolor decadente.
Incrédula hiciste que pasara noches, en vela.
Haciendo a mi madre sufrir, llorar, enloquecer.

Vamos p'alante, hermoso Señor usted.
Que apretado es que baila.
Que ama con ganas y adora con devoción.
Que malcriado es usted sin obtener nada.

Con el alma en las uñas
le digo que lo odio.
Que con usted dormir quiero para siempre.

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