9.4.12

Cabimas

"...Es un lugar tranquilo, y aunque su calor y sus pequeños insectos después de la lluvia me incomodan, el estado de ánimo de su gente varía según el clima. Si está nublado suelen pasear por las sucias carreteras destruidas por ellos mismos, si está soleado (que es la mayoría de las veces) el calor los sofoca y se tornan fastidiosos y amargados. La ropa es muy escasa, las marcas no son importantes y lo peor de todo es que se dejan manipular por modas y prototipos televisivos, que, aunque les incomoden sus colores o formas, lo usan de una manera tan trágica.
La gente es muy egocéntrica, sólo piensan en su bienestar y no se imaginan la gran cantidad de personas que viven bajo las ardientes láminas de zinc y que no protestan, no les importa quien gobierne ya que no les tienden una mano.
Hay muchos niños abandonados en las calles, adolescentes con ideologías y pensamientos enigmáticos que disfrutan dar minishows en las calles para subsistir y hay personas que se sientan en el árbol seco más cercano y mandan a sus hambrientos hijos a pedir limosnas; mientras ellos se comen un típico 'BonIce'; estos niños, son obligados a pararse en las cuatro esquinas y pedir a la gente algunas monedas tocando los vidrios cegadores de sus carros, que algunos, aún así, protestan porque sus manitos sucias hayan tocado sus pulidos autos.
Los diciembres o los eneros salen a bailar por las calles sin importarles el clima, los famosos ‘Chimbangles de San Benito’; es muy gracioso ver a un pelotón de gente marchar tras un muñeco oscuro con ropas azules y arrojarles todo tipo de licores encima. Otros prefieren aparcar la Plaza Bolívar y hacer marionetas con sus patinetas escuchando alguna música estridente con mensajes libertarios.
Las llegadas del año nuevo las celebran como si fuera el último... forman parrandas, cocinan unas exquisitas cenas con sus ‘hallacas’ incluidas, las cuales poseen un aroma muy atractivo. La pirotecnia es imprescindible, aunque es prohibida por sus accidentes, a ‘la hora del pito’ el cielo se ilumina de sus baratos pero escandalosos cohetes o ‘varillas’ llenas de humo y pólvora.
Algunos roban y otras son prostitutas para alimentar a sus hijos. Todos quieren venir a Cabimas para trabajar en la destrucción del ambiente, explotando sus recursos sin control debido como algunas empresas petroleras. Pero aún y todo lo que te he nombrado, se que su gente quiere lo mejor para su ciudad, aunque no lo hacen, son muchas palabras y ninguna acción. Yo se que Cabimas tiene el potencial de ser una ciudad mejor y dejar de ser la alcantarilla maloliente de oro negro y lemna, abandonada en un rincón remoto del mundo...."

Extracto de un cuento con el cual participé en un concurso en el año (alrededor del) 2004.

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